"HE SIDO FUERTE PERO NO LO SUFICIENTE"
- Fa Robertson

- Apr 5, 2024
- 7 min read
Updated: Apr 5, 2024
Esta es la breve historia nunca antes escrita de un hombre desesperado que fue fuerte, pero nunca lo suficiente,

“He sido fuerte, pero no lo suficiente” me repito cada mañana al despertar mientras me oculto una vez más detrás del miedo que cubre mi desnudez, mi alma y mi vida, que no tiene ningún reparo. A estas alturas estoy más que acostumbrada, he aprendido tan poco de tu ausencia a lo largo de los años, el tiempo no tiene razón ni noción de ser parte de mis despertares, pero me levanto, siempre en contra de mi voluntad y me siento al filo de la cama, pero estoy muy cansada, no me queda más que aferrarme al borde con ambas manos para no caer en el profundo abismo de mí misma, mi mente es peligrosa cuando está sola, mis ojos no entienden, no distinguen y solo desean ceder ante cualquier deseo y saltar para dejar de ser fuerte; eres mi primer pensamiento cada mañana, quiero estar donde tú estas, incluso más lejos aún, ¡Maldito seas Vicente!
Así comienzan mis días, con rabia, te maldigo desde lo más profundo de mi alma, pero regreso a mí luego de unos pocos segundos de esta aberrante amargura que envenena mi alma cada madrugada; casi siempre me reincorporo, regreso a mí al escuchar el cantar de los loritos discutiendo como tú y yo cada mañana, ellos siempre posando en ese tajibo rosa frente a mi ventana y pienso, que envidia le tengo a ese viejo amigo, por ser un árbol imponente, bien plantado y tan capaz de existir con tantos recuerdos y cuál cargado como un arma con historias que juegan a la ruleta rusa con mi alma, al final estamos todos enarbolados a raíz de por vida a esta maldita melancolía; éramos tan pequeños e inocentes ese árbol y yo cuando llegamos a este mundo, ninguno de los dos pidió venir a esta vida y, sin embargo, aquí estamos, cargados de una esperanza incierta que no logro dejar entrar por tu culpa. Maldita seas cada madrugada, tu ausencia me dejo con dos opciones, florecer o morir. Hoy preferiría morir.
Maldita seas cada madrugada, tu asencia me dejo con dos opciones, florecer o morir. Hoy preferiría morir.
Con los sentidos ya despiertos nada importa ahora, porque nada es justo, es tan solo la parte más cobarde de tu ausencia que toca la puerta, me visita y me despierta: ¿Ratona, estás ahí? Ríete si quieres Vicente, ¿Te acuerdas como eran nuestras mañanas? ¿Te acuerdas como se anunciaba el sol frente a nuestras pupilas cada mañana? ¿Te acuerdas de qué solemnes eran las madrugadas?, espero que donde estés, cada uno de esos recuerdos te persigan sin descanso hasta que mi alma le dé la gana de entender tu ausencia, porque yo sí que me acuerdo cada una de esas contadas madrugadas.
Hoy es un día distinto, tu ausencia tiene tu rostro, tu aroma y tu sombra interrumpe los rayos del sol, en mi mente estás a mi lado cobarde; aun así te ignoro porque apenas son las cinco de la madrugada, al borde de la mesa veo una taza de café frío del día anterior, un par de tus cigarrillos y justo al lado está mi corazón, todo astillado en mil pedazos, lo tengo escondido en una pequeña caja de un cristal traslúcida qué cuando el sol la encuentra, me permite soñar y cuando la abandona no me deja descansar. ¿Qué cajita tan curiosa no?, debo reconocer que es más curiosa mi astucia, la única parte de mi ser que se mantiene entrometida para arreglar este desastre que has hecho de mí y reunir el sin fin de astillas que llevo escondidas de mi roto corazón, cuál fuese su única misión. Maldita seas, cuando creo que encontré la última astilla e intento por fin recomponerme, me asechas, me encuentras y con tu ausencia traes a mí recuerdos que no sabía que tenía y así como una astilla diminuta que se queda entre los dedos y pienso que por más que mi memoria recorra tus pasos frente a la ausencia, sé que estoy persiguiendo fantasmas a veces no tan invisibles al ojo, sé que siempre habrá una parte de mí deambulando por ahí buscándote y cada que piense o maldiga tu nombre, una diminuta astilla se perderá entre mis manos, porque que no hay tregua que te traiga de vuelta a mí.
Siempre habrá una parte de mí deambulando por ahí buscándote y cada que piense o maldiga tu nombre, una diminuta astilla se perderá entre mis manos, porque que no hay tregua que te traiga de vuelta a mí.
Mientras reúno fuerzas y me preparo un café, reviso en el fondo de mi mente, miro bajo la cajita que esconde mi pobre corazón, ahí está, un sobre con la historia de un amor nunca escrito, ¿Puedes creerlo Vicente?, aun con el corazón roto y astillado, con el mundo abajo y el abismo ganado, me hiciste una persona fiel a tu imagen, terca, empedernida y persistente como tú; reconozco con mucha rabia y dolor en el alma que, aun así, te lo agradezco, porque aún intento ser fuerte. Siento que nunca tendré nada resuelto, Entonces agarro con calma el pequeño sobre que lleva ahí desde abril, tu último cumpleaños; desde entonces, despierto en medio de la noche con toda la intención de abrirlo y por fin leerlo, pero no puedo, es más no quiero y pienso, ¿Llegará el momento en el que ese maldito sobre por fin me encuentre?, como decías, "todo en la vida te encuentra a su tiempo y no al tuyo, por más que huyas y te escondas, te encuentra, te guste o no", hoy, en tu cumpleaños parece que ese sobre me encontró, justo al borde del abismo, sola y desprevenida. Mientras contemplo con sobre en mano ese tajibo bien aplomado en la vida que plantaste hace veinticinco años ya frente a mi balcón, veo un rayo de sol alumbrando la pequeña cajita de cristal, ¿será una señal para aventurarme a soñar despierta?, ¿será una señal para dejarme encontrar?, ¿será que llego él el "momento" de ese maldito sobre?, quién sabe, quizá dentro esté la última astilla que me reusó vehementemente a encontrar; al final, ¿quién seré yo sin tu maldita ausencia Vicente?, si lo abro deberé decidir.
Entre florecer o morir me siento afuera en el balcón, me acompañan los primeros rayos de sol y alguno que otro lorito y pienso ¿Cuándo fue la última vez que fui fuerte?, me rio, qué preguntas tan estúpidas me hago cada madrugada, es obvio, nunca fui fuerte, nunca me enseñaste como maldita sea, siempre estuviste tú; bebo un sorbo amargo de café, abro el maldito sobre y dentro encuentro una breve carta que llevan tu letra, respiro y me preparo a leerlo, tengo miedo pero empiezo…
“Querida ratona,
Hija mía seré breve, para cuando leas esto estarás sola y con el corazón roto por mi culpa, lo siento, pero escapa de mis manos mi partida, no hay nada que pueda hacer para abrazar tus miedos, sé que te invade la soledad; he estado en tus zapatos una vez hace muchos años y sé que no hay reparo, ódiame si es necesario mi pequeña hija, pero no quemes tu alma buscándome, porque no me encontrarás nunca más.
Tengo miedo, debes ser fuerte por mí más, porque ahora cargaras con dos corazones rotos y astillados por la soledad, el tuyo y el mío, que injusta carga te he dejado, todo porque no he sabido marcharme, ¿cómo podría, un padre anunciar su partida a su única hija?, entiéndeme, te lo ruego.
Entiende, debes ser fuerte, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez y así, las veces que sean necesarias, eres tú contra tu mente, tu corazón y la vida, debes seguir y no como yo que me he rendido”…
¡Maldita seas Vicente! Caigo en la realidad, me rehusó a leerla un segundo más, como podría continuar si ya no estás, qué sentido tiene, palabras más, palabras menos, florecer o morir, que mierda de carta; hecha un puño bote tus palabras por el balcón, espero que se pierda entre las raíces más profundas del maldito árbol que me dejaste como ejemplo de todo aquello que nunca seré, aplomada y bien plantada frente a la ausencia de tu vida, ¿qué sentido tiene continuar si solo me queda ser fuerte?, ¿qué sentido tiene continuar con un corazón roto?, ¿acaso no es lo único que vengo haciendo estos años sin ningún éxito?, qué irónico, ahora además de tu ausencia pretendes que cargue con dos corazones rotos.
Qué irónico, ahora además de tu ausencia pretendes que cargue con dos corazones rotos.
Con rabia busco conciliar el sueño, con rabia escondo conmigo la pequeña cajita de cristal y la abrazo, es lo único real que me queda, mi corazón astillado, no quiero que entre el tuyo, maldita sea, debe ser un sueno. No encuentro consuelo a esta madrugada, la rabia me engaña, quiero romperlo todo, quiero que las astillas sé descontrolen y cubran cada maldito rincón de esta casa, quiero llegar a cada lugar que albergue un recuerdo, quiero existir y desintegrarme al mismo tiempo, cierro los ojos porque una vez más nada tiene sentido, tu ausencia me hace pensar entre sueños si debo florecer o morir o tan solo morir.
No hay remedio, sin principio ni final despierto y no con miedo y ya no siento, me encuentro dentro de esta cajita de cristal, de la que he hecho mi pequeño escondite en un rincón de tu verdadero hogar Vicente; te veo mientras te invade una silenciosa tragedia tan ajena a mi existencia y la vida nos confiesa que nunca he existido más allá de los límites de tu imaginación, tú, mi querido y desesperado padre, hoy soy tan solo un relato más, soy tan solo un par de páginas del diario de un pésimo escritor y vehemente soñador sin rumbo, soy tan solo el sueño de un cobarde que nunca llego a materializarlo, soy tan solo la rabia que separan las líneas entre los anhelos de su corazón y su razón, soy la carta que nunca llegaré a leer, soy cada una de las astillas de dos corazones rotos, soy tan solo la ausencia que carga en su alma, soy tan solo el fruto de una historia de amor nunca escrita, son tan solo el grito de una irreparable perdida; sin un nombre, no soy nadie porque mi padre nunca se enamoró, nunca se casó, nunca me vio nacer ni crecer y nunca envejeció; mi padre murió mucho antes ser “mi padre”.
Mi padre se rindió demasiado pronto y hoy vivimos juntos en esa pequeña caja de cristal, la cual abraza con su alma, una caja de cristal que en realidad albergan sus cenizas, quien por encima un día desesperado escribió “Maldita, seas Vicente, has sido fuerte, pero ya fue suficiente”.

Comments